¿El vino llora? Lás lágrimas del vino
- Diego Nóbile

- 6 feb
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 16 feb
Seguramente a muchos de los que se están iniciando en el mundo del vino les surja la intriga, que de hecho nos ha pasado a todos los que alguna vez comenzamos a descubrir este universo maravilloso de este alimento milenario.
¿Qué es esto que sigue cayendo por las paredes de la copa luego que la hemos dejado de agitar y el vino ya se encuentra quieto en el fondo del cáliz? Se lo conoce como las lágrimas o piernas del vino, cada vino va a tener las suyas y un recorrido particular por el interior de la copa. Ese recorrido se asemeja mucho a una lágrima que va cayendo sobre una mejilla, por eso su nombre.

La primera fase de una cata es la observación, y entre otras cosas se agita la copa para poder observar la fluidez, observando esas lágrimas que se deslizan por la pared de la copa, dándonos una pista de lo que podemos encontrar en las siguientes etapas de la cata.
Cuanto más lágrimas observemos, posiblemente estaremos frente a vinos con menor fluidez, es decir más untuosidad, seguramente un mayor cuerpo y en el paladar podremos tener la sensación de un vino con textura sedosa. Como pista, a este tipo de lágrimas les lleva más tiempo llegar al fondo. Por el contrario, cuando observemos menos lágrimas vamos a estar frente a un vino con mayor fluidez en la copa y ligero cuerpo, estas llegarán más rápido al fondo dándonos una señal de que casi seguro estamos frente a un vino joven.
¡Pero qué lejos estamos de decir que el vino sea mejor o peor solo porque tenga más o menos piernas!
La causa de estas lagrimas está relacionada directamente con la graduación alcohólica en el vino. Esa graduación se conforma de dos tipos de alcoholes bien distintos: el etanol y el glicerol. El que se encuentra en mayor presencia es el etanol siendo el responsable de tener una lagrima más intensa y persistente. Por otra parte está el glicerol, que se encuentra con menor cantidad y es el responsable de darle la untuosidad a la lagrima y como resultado da un vino más sedoso en la boca, término utilizado infinidad de veces al describir la sensación del vino en la boca.
Claro está que no todo depende del alcohol, y un vino no es mejor ni peor si tiene más o menos graduación alcohólica, esto es un mito que tenemos que desterrar. Al catar un vino vamos a tener otras circunstancias exógenas que no dependen directamente de éste como son la temperatura de servicio del vino, el estado de higiene de la copa, si dicha copa es de cristal o vidrio, entre otras.
Todas estas circunstancias nos pueden jugar en contra de estas maravillosas lagrimas que
observamos en la copa y darnos una información errónea del vino.
Así que como con las personas... ¡no nos dejemos llevar únicamente por la primera impresión de lo que vemos y a disfrutar del vino!
