Vino rosado y verano, ¿maridaje o marketing perfecto?
- Daniel Machado

- hace 2 días
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“Ahhh… perfecto”. Esas son las palabras que cualquier sommelier o restaurantero espera escuchar cuando un comensal se sienta y ordena un vino con una comida.
Es el primer beso que dará lugar a una relación.

“Y ahora los declaro…”
El concepto de maridaje cuya expertise se desarrolla en la cancha de la sommellerie, tiene una raíz lingüística muy interesante dado que proviene del francés mariage que implica casarse y tiene su primera aparición en el siglo XIV en ese mismo sentido. Es en el siglo XX que con el desarrollo de la sommellerie que el término implica buscar, combinar o contrastar los sabores y sensaciones que se logran entre la comida y el vino. Su fundamento se basa en las características únicas que se imprimen detrás de cada etiqueta dadas por el clima del año, el clon y portainjerto, el suelo, el drenaje, la topografía, las prácticas, y otros miles de etcéteras que forman el terroir. Aunque siguen siendo tan relevantes como siempre, han sido el marketing, la publicidad, la moda o la costumbre que han generado asociaciones tan estrechas como las interconexiones neuronales que unen nuestros dos hemisferios cerebrales.
“Parecen un matrimonio sólido”
Vino blanco con pescado, tinto con carnes, dulces con postres, whisky con puros, espumoso con caviar, pizza con cerveza y mate con bizcochos. Sin duda uno de los grandes desafíos (si no es quizá el más grande) es demostrar expertise sin caer en los lugares comunes que las publicidades han normalizado en los consumidores. Así como cambian las formas de vincularse, también se han generado otros maridajes que no remiten a una bebida con un alimento, sino a una bebida con una situación, una época del año, o un sentimiento.
Bajo ese paraguas es donde se han casado el vino rosado y el verano.
“¿Hace cuánto se conocen?”
En primer lugar hay que decir que ante la ineficacia de lograr vinos tintos pesados y estables luego de largas maceraciones, el vino rosado por método de prensado directo parece ser el primer estilo de elaboración que aseguraba un producto fresco y consumible. Si a ello le sumamos que la mezcla de vino y agua era una práctica común como agente potabilizador de esta última, por allí el rosado (en color al menos) comienza a tener sus primeras impresiones sensoriales como bebida liviana, fresca e hidratante.
El Rosé llega a la mesa
Con el asentamiento de los Foceos en Marsella y su desarrollo en la producción de rosados, durante la Edad Media se popularizó el Clairet, un vino de maceración corta y aparentemente aceptado por la aristocracia inglesa, dándole un toque de exclusividad que impulsó un desarrollo importante. Así nace el término “Rosé” en el 1682 con sus dos métodos de elaboración (que no explicaremos aquí) que son el prensado directo y el sangrado o “saignée”.
A partir del siglo XX con el nacimiento del turismo en masa, el desarrollo de la alta gastronomía y con ella la sommellerie, se popularizan muchas regiones de Europa, y Provenza se convierte en la capital del vino rosado, generando otras impresiones por estar en la costa del mediterraneo: sol, mar, mariscos y vino. Una combinación de colores, sabores y aromas que perduran hasta el día de hoy creando estos conceptos de “mineralidad” tan discutidos.
Un maquillaje glamuroso

Pero no todo son rosas, porque el vino rosado esconde un secreto. Es jóven y se embotella en envases transparentes volviéndolo tan vulnerable a la luz solar como a las altas temperaturas y esto obliga a que se venda rápido. Quizá es así que nace el “Rosé Piscine” que no es más que vino y mucho hielo, reforzando la idea del rosado como vino fresco, de verano y permitiendo (quizá, y solamente quizá…) enmascarar algún defectito y resaltando la acidez por el efecto del frío. Al mismo tiempo se ofrece un vino menos alcohólico, posicionando al rosé muy a la vanguardia de las preferencias de los nuevos consumidores.
Con todo esto, si hacía falta darle otro plus al juguito color piel de cebolla, fue la fantástica idea de combinar el diseño con la psicología del color y la moda. Una botella de vino rosado puede tener el diseño más extravagante y elegante que se puede uno imaginar y recuerda mucho a los perfumes (que al igual a estos) se publicita con celebridades del mundo del espectáculo. Otro acierto en el diseño es eliminar progresivamente el corcho y optar por otros tipos de cierre como "vinolok" (tapones de vidrio) o tapa rosca, facilitando el acceso al consumidor.
Un vino para todes
Y así es como partimos de un vino primitivo, a un artículo de moda que se ha posicionado tan bien en el mercado que cuando lo comparamos con los tintos gran reserva, podemos ver cuánto dista un producto del otro en cuanto a público objetivo, y notar las combinaciones de colores, sabores, sensaciones, situaciones y emociones que evocan cada tipo de vino, aunque provengan del mismo tipo de uva. Pero más importante aún es observar el comportamiento en el tiempo de cada producto y como se aggiorna a cada época. De hecho el término maridaje se está cambiando por armonía dada la estructura que representa hablar de matrimonio como una unión indisoluble, siguiendo los cambios socioculturales de los últimos años
